VIÑETAS DIPLOMÁTICAS

COCTEL DIPLOMÁTICO 

El embajador departe amistosamente con un miembro de la delegación extranjera de aspecto algo raro y extravagante. A su lado el representante chimbambascistano viste según la etiqueta local. Ajeno a la conversación el atildado secretario gestiona un inesperado sobrevuelo que acaba de recibirse, y la joven diplomática, disfruta su primer destino con una copa de vino español.

CONFIDENCIAS 

Las fiestas nacionales marcan un hito en la historia de las representaciones. Para el embajador, un baño de multitudes y la mejor manera de representar a España entre amigos, colegas y autoridades,  para el canciller el fin de un calvario que ha durado semanas. La viñeta capta a una multitud variopinta en donde sobresale el embajador rodeado de  influyentes empresarios españoles con sus señoras de toda la vida, otras damas elegantes,  mensajeros de confidencias, canapés a go-go, champán, medallas y sonrisas.

MEDITACIÓN DIPLOMÁTICA 

Un diplomático medita en un  alfombrado salón del Palacio de Santa Cruz. Lo que no es fácil de determinar es en lo que piensa. Se barajan tres opciones:

  1. En las consecuencias del cambio climático en el  Sahel.
  2. En los avances tecnológicos como parte de  la estrategia de la Acción de Defensa Europea (ADE.
  3. En la subida de la cuota de socio del Club Puerta de Hierro.

LA VALIJA DIPLOMÁTICA 

La valija, esa institución tan decimonónica pero tan eficaz,  siempre es un misterio en cualquier representación, y cuando deja de ser ordinaria para convertirse en extraordinaria mucho más.  Dejo a la imaginación del lector si los cuatro funcionarios uniformados abren o cierran la valija que yace en el suelo pendiente de alegrar la vida o fastidiársela al receptor. 

 

LA VALIJA 

La valija es el cordón umbilical que nos une al Ministerio y cuya llegada es aguardada con ilusión similar a la de los Reyes Magos…y eso que las cosas han cambiado tanto…. 

-¿Federico?

-Sí Embajador…

-¿puedes venir a mi despacho?

Entré en el despacho del embajador a través de un saloncito adornado con un desastroso óleo de Londres (ejecutado por un predecesor), una cómoda de cajones y un precioso sable curvo de factura entre otomana y mameluca, con el temor reverencial debido a llamada tan meliflua como perentoria.

 Sentado tras su escritorio, el Embajador me miraba por encima de unas gafas de leer encabalgadas sobre las aletas de la nariz. El gesto le obligó a enarcar las cejas, concediendo al rostro un aire de sorpresa al que la leve sonrisa concedía una nota sarcástica. Me invitó a sentarme y siguió mirándome sin decir nada. Cogió un  papel oficial de encima de la mesa y me lo entregó: 

-Federico, huele esta Orden.

Disciplinadamente me llevé la Orden a la nariz. Del papel se desprendía un aroma montaraz de especias y encinares, un vaho cálido con un fondo de frescura animal.

 -Dile a tu madre que no te mande embutidos por valija….Y ya que te los manda, podías invitar….

 Descabezamos el lomo embuchado sobre la cómoda de cajones y la cimitarra nos sirvió de mandolina”     

 Texto del amigo, diplomático y escritor, Federico Palomera Güez 

 

LA CROQUETA DIPLOMÁTICA 

Las fiestas de la residencia tenían fama entre la colonia española y el cuerpo diplomático acreditado. Los vinos y espumosos eran de lo mejor, el servicio impecable y el ambiente extraordinario, pero las croquetas de la embajadora consorte, Doña Casilda Cabezuela de la Fresnedilla, eran un plus de exquisitez que hacían valer su fama en los destinos anteriores del diplomático y hasta en el propio ministerio: eran crujientes, doradas, con su perfecta geometría redondeada, una bechamel en su punto de suavidad y sabor, la óptima temperatura y grado de sal, y en el más íntimo corazón, cual mullido abrigo, el tropezón, el alma humilde de la croqueta, así es que cuando el jefe de misión finalizaba su discurso, y sin dar tiempo a acabar las fórmulas de despedida del “Viva España, Viva el  Rey”, la gente ya corría por los salones en pos de las deseadas croquetas de la embajadora, en un éxtasis de deleite y un frenesí de españolidad.    

DE ALMENDRAS Y EMBAJADAS 

Todos nos hemos preguntado alguna vez por qué en las embajadas siempre se sirven almendras, que estratégicamente dispuestas en las mesas sirven de acompañamiento para vinos y refrescos. La razón es sencilla: el momento de coger una almendra y echarla a la boca para comerla  proporciona, mientras se mastica, un tiempo precioso para que el diplomático sorprendido por una pregunta incómoda de algún invitado reflexione sobre la respuesta.

Pongamos el caso de que un funcionario marroquí de alto rango, durante un acto oficial en nuestra legación y en medio de un corrillo con  otros diplomáticos, periodistas y políticos,  pregunta directamente   a nuestro embajador sobre el estado del Proyecto del Túnel Debajo del Estrecho de Gibraltar. En esa angustiosa tesitura no le queda más remedio a este último que coger una almendra del plato, llevársela a la boca con mucha prosopopeya y mientras mastica estrujarse el cerebro en busca de la respuesta idónea.  Esos diez o quince segundos proporcionan un tiempo precioso para concebir una respuesta convincente y  evitar una rotura de relaciones o un porrazo en las narices. 

La viñeta describe el momento:

Fase 1: Formulación de la pregunta capciosa y sorpresa del preguntado

Fase 2: Masticado de almendra con silencio sepulcral, expectación y tensa espera

Fase 3: Contestación a plena satisfacción del inquirente y alivio de la audiencia

EL INVENTARIO 

El inventario de una representación es como el activo fijo de una empresa.  A pesar de las comprobaciones lo cierto es que siempre falta algo, como si los trasgos quisieran torcer el orden natural de las cosas.

En la viñeta  el mayordomo de la residencia con rostro circunspecto muestra al embajador que falta una cuchara de alpaca de las doce que consta la vajilla oficial con el escudo nacional. Jura y perjura que la ha contado mil veces y que no aparece. Y tiene que ser precisamente hoy cuando se echa en falta el juego completo, cuando el ministro y una delegación hacen una escala técnica en el país y vienen a cenar a la residencia. Entre los invitados, a parte del ministro estará el  SE, el Subsecretario, dos DGs, el Inspector General de Servicios, dos SDGs y demás asesores, y ha sido  precisamente el primero quien ha  insistido en querer  probar la famosa sopa de cangrejo, tan típica del país. ¡Y tenemos que ser doce a la mesa, no podríamos ser once…, se lamenta el embajador con desespero! Pero…¿quién habrá de tomarse la sopa  con una cuchara  de plástico o en el mejor de los casos de acero inoxidable, a quién ponerle la cuchara bastarda sin que se sienta por ello agraviado? En la viñeta, el consejero, el encargado de los asuntos administrativos, el canciller y el vicecanciller, asisten impotentes al dramático momento.                                                                                                              

NUEVA HISTORIA DE ESPAÑA 

España, año 2020. Por fin se ha logrado un gobierno nacional entre cábalas y componendas de retorcida factura, con exigencias terminantes en especial las de los partidos catalanes, entre las que destaca la de una nueva versión de la Historia de España que ha de reflejarse de inmediato en textos literarios y pedagógicos. De entre los rubros negociados se incluye el nacimiento de un Reino de Cataluña, que desde ahora abre un nuevo y desconocido capítulo de la historia de nuestra nación.

En la ilustración, que formará parte del primer libro de la Historia de España Revisada, bajo la dirección del visionario Cucurull, del Institut de Nova Història, se muestra al primer rey catalán Catalino I (de ahí el nombre histórico de la región), descendiente directo de Carlomagno, rodeado de sus consejeros áulicos, entre los que se recuerda a mosén Oriol, de silueta abotijada y mirada desvaída, y al malvado conde de Puig del Mont, protagonista de largas huidas por tierras de Waterloo. Al pie, un doncel custodia la hacienda real (la bolsa sona) y loa las victorias del monarca contra aragoneses, sarracenos, castellanos y otros pueblos menores, mientras una pareja baila una sardana en honor al gran Catalino. Los danzantes tienen como nombre artístico Tantomonta. Ella, Isabel es moza de rústica fermosura y viene de Castilla, y él de tierras de Aragón, ambos sin linaje conocidos.

ENSOÑACIONES

El nuevo Vicepresidente del Gobierno deja su chalé de Galapagar y en la puerta, su pareja y también ministra de Igualdad, le recuerda que va vestido de una guisa que no corresponde con su verdadero rol de líder de la izquierda española, republicano en ejercicio y martillo pilón del capital. Con muy buenas palabras, porque el protocolo versallesco se ha impuesto en Galapagar, le pide que se quite de inmediato el traje de Luis XIV que se ha estado probando toda la noche delante del espejo. Le recomienda que se alise el pelo y se recoja su coleta de siempre, se ponga los vaqueros y se deje de gaitas que todos somos ciudadanos y ciudadanas iguales y que se olvide por el momento de lo de que el Estado soy yo.

LA MUSA DEL CLIMA 

La musa del clima, Greta Thundberg, en su viaje transatlántico hacia España para participar en la Cumbre, se cruza con una patera llena a reventar de migrantes, y Greta,  que no está familiarizada con esas embarcaciones agradece desde la cubierta  con un gesto de la mano a sus ocupantes el que aprovechen al máximo el tamaño de la embarcación y apoyen la descontaminación del planeta viajando todos juntos en la misma barca. 

ENSOÑACIÓN DIPLOMÁTICA

 (Sin palabras)

LA DIPLOMACIA, EL ESPÍRITU DEL EQUILIBRIO 

Después de repasar las milenarias fórmulas de la geometría euclidiana, el teorema de Pitágoras sobre la naturaleza del ángulo recto y sus lados adyacentes y el de Tales de Mileto sobre las líneas paralelas y los ángulos que forman las líneas que las cortan, seis diplomáticos centran un cuadro en los pasillos de Santa Cruz.  ¿Se trata de un gesto metafórico con el intento de equilibrar los avatares de la Política Exterior Española?

GESTOS DIPLOMÁTICOS

En la comunicación diplomática cualquier gesto cuenta. Junto a la palabra, los gestos de la boca, de los ojos y de las manos ayudan a expresar mejor las ideas, los estados de ánimo y las emociones. Las tres manos de la viñeta definen diferentes momentos, desde la postura relajada de un cóctel distendido al más radical de la peineta, tal y como describen las anotaciones al margen.